viernes, 29 de octubre de 2010

Manifestación de posiciones ante la vida con una canción de Fangoria cambiando levemente la letra.


La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mi me importa un huevo,
que mas me da
si soy distinto a ellos
no soy de nadie,
no tengo dueño.
Yo se que me critican
me consta que me odian
la envidia les corroe
mi vida les agobia.
Porque será?
yo no tengo la culpa
mi circunstancia les insulta.
Mi destino es el que yo decido
el que yo elijo para mí
a quien le importa qué coño haga?
a quien le importa qué coño diga?
yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare
a quien le importa qué coño haga?
a quien le importa qué coño diga?
yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare
Quizá la culpa es mía
por no seguir las normas,
ya es demasiado tarde
para cambiar ahora.
Me mantendré
firme en mis convicciones,
reportare mis posiciones.
Mi destino es el que yo decido
el que yo elijo para mí
a quien le importa qué coño haga?
a quien le importa qué coño diga?
yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare
a quien le importa qué coño haga?
a quien le importa qué coño diga?
yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare.
a quien le importa qué coño haga?
a quien le importa qué coño diga?
yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare.

Amor y Locura (Thomas Campbell)


¡Escuchad! ¡Desde las almenas de las lejanas torres
la solemne campana ha golpeado en la medianoche!
Arrebatado de las visiones de su inquieto sueño,
el pobre Broderick despierta, y se lamenta en soledad.

Cesad, Memoria, cesad (sin amigos y apenada llora)
de castigar este pecho abrumado con severas pruebas.
Oh, nunca cesa mi alma pensativa al extraviarse
en los brillantes campos de la Fortuna, en los días mejores,
cuando la esperanza era joven, y la música de la mente
alababa todos sus encantos, y Errington era agradable.

Sin embargo puedo cesar, mientras temblorosa me agito,
de suspirar y murmurar tu nombre melancólico.
Oigo tu espíritu en cada gemido de la tormenta.
En las sombras nocturnas veo pasar tu figura,
pálida como los condenados en su triste locura.
Veo en lo profundo de tu corazón perjuro, el sangriento acero.

¡Demonios de la Venganza! Bajo vuestro mando
empuñé la espada con algo más que delicadas manos,
decid: ¿es la vacilante voz de la piedad,
o es aquel húmedo horror el propósito del alma?
¡No! Mi corazón salvaje se sentó triste sobre la llanura,
hasta que el Odio complete lo que el Amor comenzó.

Si, dejad que el seno frío que nunca supo
de la ternura súbita y generosa de la naturaleza,
mezclando la piedad con la hiel de la burla,
condene este corazón que sangró con amor abandonado.

¡Y vosotros, orgullosos, cuyas almas no agitan la alegría,
salvad con brillante encanto el homenaje del enamorado!
Plácidos ídolos de un sendero sangrante,
vuestros cálidos sentimientos pueden ser huéspedes del dolor,
cuando el inocente, fiel corazón, inspire la prueba
de la amistad refinada, la tranquila delicia del amor;
y sientan que sus tiernas cadenas os desgarran con angustia,
quebrando el perjurio del orgullo en inhumano desprecio.

Decid, entonces ¿el piadoso Cielo condena tus lágrimas,
cuando la Venganza te ordena, enamorado, sangrar?
Largo tiempo he visto surgir tu oscura aprensión,
con el pecho desgarrado y tus votos despreciados,
triste, lloré con mi amigo, el amante cambiado,
tu mirada era fría, altiva y extraviada,
hasta que el refugio de tu amor me fue arrebatado,
entonces erré sin esperanzas, sin amigos, en soledad.

¡Oh, Cielo de los Justos! ¡Fue entonces cuando mi alma torturada
cedió su control y dio lugar a la ira más descontrolada!
¡Adiós a la silenciosa mirada, a los ojos extraviados,
a las planicies murmurantes, a lo profundo de tu corazón perjuro!
El largo sueño despierta los actos de la Venganza;
él grita, él cae, su desgarrado corazón sangra.
Ahora, la última sonrisa de la agonía se ha borrado,
pálido y ensangrentado duerme, y no despertará jamás.

¡Está Hecho! ¡La llama del odio ya no arderá:
la vida regresa, pero es demasiado tarde para comenzar!
¿Por qué mi alma siente el vago vuelo de la aflicción?
¡Tembloroso y débil, suelto el culpable acero!
Frío sobre mi corazón yace la mano del terror,
y sombras de horror se agitan ante mis lánguidos ojos.

¡Oh, fue el asesinato la más amarga de las espigas!
¿Retornará la justa ira del frío espíritu de Broderick?
Siempre un fiel amigo, un amante tierno que ha caído.
¿Dónde brilló el Amor no podría habitar la Piedad?

¡Juventud desdichada! Mientras su palidez asciende
para observar el profundo y silencioso reposo del crepúsculo,
tu espectro insomne, respirando desde la tumba,
predice mi suerte y me convoca a la oscuridad.
Una vez más veo tu lúgubre espíritu de pie,
tus ojos oscuros y tus manos lívidas que me llaman.

Pronto, este efímero eco de la llama vital
olvidará su lánguida melancolía.
Pronto, estos ojos húmedos cerrarán sus ventanas.
¡Bienvenido el largo reposo de las noches sin sueños!
Pronto, este desgastado lamento callará;
porque en el calmo letargo del ocaso
hasta el Dolor se olvida de llorar.
Thomas Campbell

Bulimic Orgy feat. Mile - Dairy Plant (2010)


Trip-Hop/Lo-Fi para gestas épicas al lado de quien lleva el volante de cuadros.

01 Next Epic
02 Pretty Ratty On The Moon
03 Raindrops In Your Hair
04 Lethargic Vibes
05 Piggy
06 Mucho Mombo
07 Look At The Stars
08 Mystery
09 Tell Me
10 Interview
11 Time Machine
12 Midnight Masquerade
13 Cardboard Kid
14 Landing On Moon (The End of The End)
15 Dairy Plant




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«Felipe y Letizia»: escenas descartadas de la serie

jueves, 28 de octubre de 2010

Debo asumir el momento


El silencio, cruel inundación
de una miara de mutismo
que eleva mi alma en atención
de una soledad clavada al victimismo.

Soportar mi desconsuelo por algo más
que pena es como derivo mi sainete,
pues ni alargando mi mano al compás
de quererte alcanzar se ve mermada mi suerte.

Paso los días tumbado en la cama
sin más condición que pensar una razón
de querer ver calmada mi pobre alma
su constricción de perder el tiempo de reacción.

Esta tristeza que me embarga no la quiero
ni debo mantenerla por más tiempo. Causa
efecto en un denostado espíritu el miedo
por realizar cambios, pero es efecto de raza.

Ni cogen mis llamadas, ni aludidas por una
franca amistad se sienten quien recibe mis cartas,
estoy abocado a un serio número singular,
cansado ya de llorar, sea mi futuro de este par.

Sigo manteniendo si debo escribir sobre mí
o dejar de hacerlo. Son tristes momentos
estos que se refieren a estar sin ti,
pero debo asumir el hecho de tales tormentos.

Antonio Jiménez

Y la Muerte no tendrá Dominio (Dylan Thomas)


Y la muerte no tendrá dominio.
Muerto es desnudo, todos serán uno
con el hombre en el viento y la luna occidental;
cuando sus huesos estén limpios
y limpios sus huesos se hayan ido,
tendrán estrellas en los codos y pies;
aunque vayan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar se elevarán,
aunque se pierdan los amantes el amor no,
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Bajo las vanas corrientes del océano
ellos yacen a lo largo sin morir en vano,
torciéndose cuando los nervios acechan,
atados a una rueda, ellos no se quebrarán;
la fe en sus manos nunca se romperá,
y el unicornio correrá entre los males;
separando todo jamás se desarmarán;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Las gaviotas ya nunca clamarán en sus oídos,
ni las olas romperán sonoras sobre la costa;
cuando brote un capullo la flor no alzará
la cabeza a los golpes de la tormenta;
aunque sean dementes y muertos como clavos,
líderes de los martillados entre margaritas;
descansando al sol hasta que el sol descanse,
y la muerte no tendrá dominio.
Dylan Thomas

Sobre el arte de escribir cuentos fantásticos (H.P.Lovecraft)


El motivo por el cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas (escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes.

Mi inclinación por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inquietudes personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista.

Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror.

La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.

Mi manera personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques perdidos, las fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros: Poe, Dunsany, Arthur Manchen,  M. R. James,
Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos, e insignificantes aficionados, como yo mismo.

Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos. Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden ser motivadas por la forma, imagen o idea elegida.

Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

I) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

II) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

III) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto anterior, es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad (palabras, párrafos, incluso episodios enteros), conservando el orden preestablecido.

IV) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

V) Preparar una copia; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.

El primero de estos puntos es por lo general una mera idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra imaginación, jamás puestas sobre papel hasta que preparo un detallado resumen de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy más tarde a desarrollarlo.

Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyenda o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática. Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje con un suceso o fenómeno grotesco.

Cada relato fantástico (hablando en particular de los relatos y cuentos de terror) puede desarrollar cinco elementos críticos:
a) Lo que sirve de núcleo a un horror (condición, entidad, etc,).
b) Efectos o desarrollos típicos del horror.
c) El modo de la manifestación de ese horror.
d) La forma de reaccionar ante ese horror.
e) Los efectos específicos del horror en relación a lo condiciones dadas.

Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera adecuada, aplicando el énfasis necesario en el momento necesario. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos. Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural. Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse.

Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos, los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe transmitirse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal. Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.

Éstas han sido las reglas que he seguido (consciente o inconscientemente) ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.
H. P. Lovecraft

Peau - Premiere Mue (2010)


Indie/Trip-Hop desde Francia para comer manzanas en días de borrasca.

01 Premiere mue  
02 Kyle  
03 Enola Gay  
04 Weather  
05 An Apple a Day
06 Litanie  
07 Guerre longue  
08 Sensuelle  
09 Breath  
10 Une petite pluie  
11 A Few Things 




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miércoles, 27 de octubre de 2010

Mi Secreto


Sintiendo el palpitar en mis sienes,
no es un dolor lo que viene a proclamar,
es más bien el aviso de un presente en ciernes
abriéndose paso como el yugo de un malestar
traicionado por quien deriva en boleros
certeros, pero cuando declina su pesar,
alimenta los malos augurios de agoreros
callados por fogatas alimentadas al besar
el santo oficio de un callar clamado al cielo.

Quisiera al menos la fortuna dotarme de locura
para ser menos dado al ingenio de plasmar
inverosímiles cuartillas de verbos risueños, con la pura
ingenuidad que caracteriza mi empatía por rasgar
vestiduras no menguadas tras el infortunio que cura
males de enaguas y talles de encajes, por tomar
semblante de implante en pueril travesura
tuve dos días y siete noches de enjundia que respetar.
Mis condolencias fueron tomadas y estipuladas como nulas.

A buen puerto mis palabras van con cierto resuello,
no soy de dictamen fácil ni comprensión estimada,
solo veo una noche estrellada que hace rara la nada
de unos versos sin cante ni porte. He calculado
buena dosis de estudiada franqueza en este poema,
pero si queréis verdad de espíritu, desnuda alma,
mi bolígrafo guía mi mano que sin desidia
escribe lo que él le va ordenando. Esta es,
sinceramente, mi fuente de ingente mente.

Antonio Jiménez

Fragmento de una balada (Elizabeth Eleanor Siddal)


Muchas millas sobre el campo y el mar
hasta que mi amor pudo retornar,
de sus palabras no tengo recuerdos,
sólo el de los árboles y el gemido del viento.

Y arribó listo para tomar sin daño
la cruz que he cargado por años,
pero las palabras llegaron lentas
de aquellos fríos y mudos labios.

¿Cómo sonaban mis palabras lentas y plenas,
en aquel gran corazón que me amó en la pena,
venido a salvarme del odio y el dolor
y a confortarme con su delicado amor?

Sentí al viento golpeando frío, gélido,
y a la bruma roja acariciar la puerta;
sentí que el hechizo que sostenía mi aliento
se quebraba, viviendo siempre muerta.

Elizabeth Eleanor Siddal

Sasha Grey: «El porno es el tipo de cine donde las actrices más miran a cámara»

martes, 26 de octubre de 2010

Dos mindundis


Estaba pensando cómo cojones había llegado a aquella situación. Hasta donde me llegaba la memoria, había estado en el Pub Brisa hartándome de Barcelos con Coca Cola cuando escuche a aquellos dos mindundis preguntarle a Antonio (el dueño del Pub) si sabía de alguien que podía llevarlos a Cabra. Yo era alguien, tenía el coche aparcado por allí en la calle y tenía ganas de conocer a mindundis, por lo que me acerqué y les dije que yo mismo los podía llevar. Nos presentamos, el más bajito y con pinta más frikie se llamaba Pedro. El más alto y con la cabeza rapada debido a su alopecia se llamaba Andrés. Yo, Antonio. Echas las presentaciones, me llamó Antonio, el dueño, a una parte de su local. Allí me dijo que tuviera cuidado con esos tipos, que eran farloperos. ¿Con esa pinta de frikies?-espeté yo, a lo que me contestó Antonio Budia que tuviera cuidado.

Salimos a por el coche, lo arranqué y puse dirección al bello pueblo de Cabra. Dentro de mi coche me ofrecieron cocaína, cosa que rechacé cortésmente. Ellos se echaron sendos montoncitos en su dedo corazón y lo esnifaron como aspiradora que recoge montón de mierda. Al rato llegamos a Cabra y me dijeron que querían ir al Bujías, un Pub que desconocía, pero me dijeron la dirección y aparqué por la zona. Nos enfilamos hacia el local y entramos en él. Aquel era el típico garito heavilon. El mindundi chiquitín se acercó al de la barra, le dijo algo y enseguida le paso una cosa a su mano. ¡Manda huevos!, pensé, si querían droga en Lucena la hubieran conseguido en cualquier esquina. Le pregunté al mindundi más alto el por qué de haber tenido que venir hasta aquí si lo que querían era coca, y me contestó que en este garito tenían crédito.

Pero a la hora más o menos llegó un gitanaco como una montaña de grande y gordo que al ver a los mindundis empezó a sonreír y a bendecir a la virgencita del rocío. Los frikies se pusieron blancos. El gitanaco sacó un navajón de treinta y siete muelles por lo menos y dijo que había llegado la hora de cortarle el cuello a un par de ratas. Decidí que era hora de salir de aquel embolado cuando me preguntó quién era yo. Le contesté que uno que pasaba por allí y contestó que por allí sus huevos y que nadie se iba a mover de allí. Ahí me acordé de Antonio y de la madre que me parió. El mole moreno pidió sus cuentas a los farlopistas y estos les dijeron que ahora mismo era un mal momento, que uno estaba en el paro y el otro de baja, que cuando pudieran les pagaba. ¡Y UN HUEVO! Gritó el condenado gitanaco. Ahora voy a cortaros los huevos y a marcar la cara de vuestro amigo. ¡Que cojones! Sus huevos también se los comerán mis cerdillos. Yo estaba acojonado. De aquel gitano se podía esperar todo. El dueño del local no dijo ni esta boca es mía.

En ese momento entraron una pareja de municipales. Yo vi el cielo abierto. Tal como ellos entraron salí escopetado hacia la puerta, de allí hacia el coche, de allí hacia Lucena y de allí hacia mi piso. En mi vida me he vuelto a cruzar con aquellos mindundis. No tengo ni idea de si pasaron a ser pasto de los cerdillos de aquel gitanaco o si murieron de sobredosis o si se hicieron voluntarios de la orden de Carlos III o si simplemente se hicieron monjes tras el acojone de aquel día. Yo tardé al menos cinco meses en volver a pasarme por el Brisa, y nunca hicimos alusión de aquello. Que acojone, madre mía, que acojone.     

Antonio Jiménez

lunes, 25 de octubre de 2010

Sueño colorao


Joder, cómo voy de empalmado. Como que no hago otra cosa que acordarme del último video que vi mientras me hacía una buena manola. Pero he de concentrarme en la circulación, que encima que voy por la autovía a ciento sesenta no estoy pendiente de la carretera, pero cada vez que me acuerdo de las dos rubias en la bañera… Dios, como me estoy poniendo. Vaya pedazo de video, que buenas estaban las muy hijas de puta. No entiendo como dos chochetes tan preciosos pueden dejarse grabar de esa manera, para que luego cuelguen el video por internet y sirva de desahogo a millones de vergas como la mía. A lo mejor eso es lo que las pone más calientes, el saber que un pringado como yo se la está cascando mientras una de ella está con las dos piernas apoyadas en el borde de la bañera y los brazos hacia atrás dejando que su rosado coño estuviera al frente para que su amiga lo penetrara con una polla de goma de unos treinta centímetros de color rojo turquesa. Y como bombeaba el manubrio la amiga mientras la equilibrista jadeaba cada vez más hasta que llegó a caer de su postura mientras temblaba en pequeños espasmos. Y justo ahí me corrí, saliendo disparada mi leche contra el suelo formando un arco tal como los que forman los cohetes cuando explosionan en el cielo. Ah, como me duelen los huevos solo de pensarlo. Tengo que follar. Si, ese va a ser mi propósito de año nuevo, follar. Pero ahora mismo me voy a centrar en conducir hasta que llegue a mi destino. Voy a poner música, para concentrarme en la carretera.

“Apaga las luces no soporto que me veas llorar
porque has insinuado que me falta dignidad
a escondidas busco otro disfraz
y mil posturas que ensayar
estás tan fría y cada vez que cedo
tu olvidas que caíste y ahora es imposible
deshacer lo que me hiciste….”

He llegado. Aun es temprano. La verdad es que he corrido bastante. Debo tener cuidado, no están las cosas para muchas tonterías, tengo un montón de multas impagadas por mal aparcamiento. Sólo falta que me pongan una por ir a demasiada velocidad y que se den cuenta de toda la retahíla de multas que tengo impagadas. Me pondrían un multazo del carajo. Y no está el horno para bollos. Joder, que buena está esa tía. Tal como tengo los huevos le metía un par de polvos que se quedaba nueva. ¿Por qué no serán las cosas tan fáciles como en una película porno? Ahora ella tendría que reparar en mi presencia, venir hacia mí y pedirme fuego. Yo le contestaría que no tengo pues no fumo, pero que tengo una cosa muy caliente que a lo mejor le sirve para mitigar sus ganas de fumar. Ella me preguntará lascivamente -¿Y qué cosa es esa, si se puede saber?-, a lo que yo le contestaría -El señor púrpura-. Me desabrocharía la bragueta y sacaría mi gran pollón. Bueno, digamos que por cosas del zoom parecerá más grande de lo que realmente es y ella solícita se dispondrá a metérselo todo en su boca, empezando una mamada que me dejaría nuevo. Hala, ya estoy otra vez empalmado. Si, definitivamente, tengo que follar. Me hace falta un buen polvo. Uno que me haga salir del piso para ponerme a bailar con todos por la calle, como ha salido en tantas y tantas películas. Estaría bien, si. ¡Ay, que poco cuesta soñar!.

Antonio Jiménez

Don Juan de los Mochos


Esta que os voy a contar
es la aventura del simpático
Juan de los Mochos Algar del Montar
aguerrido caballero chiquitico
conocido en todo el vecindario
como el loco del calendario.

Un buen día tras tomar el café dispuso
hacer campaña contra enemigo infiel,
mas era complicado en era de uso,
pues en los tiempos que corren y vive él,
ya me dirán a quién consideramos indigno
de considerar fiel, pues todos siguen su signo.

Pero Juan de los Mochos cogió su escoba,
salió a la calle y confundiendo a la gente
gritaba como loco: ¡Heme aquí, cruel coba
de enemigos del rey!, ¡Ante la conciencia de mi frente
os hago saber que desde mi puesto de apuesto
infante os convoco a las armas con total asueto!

Al momento llegó la caballería disfrazada 
de ambulancia del manicomio,
¡Por Júpiter! –dijo Juan ¡Esto es avanzada
maniobra de despiste con cabriola del demonio!
Salieron dos armarios roperos con camisa de fuerza,
y aquí acaba la aventura de tal fiereza.  

Antonio Jiménez

¿Por qué escribir? (Jean Paul Sartre)


Cada uno tiene sus propias razones: para unos, el arte es un escape; para otros, un modo de conquistar. Pero cabe huir a una ermita, a la locura, a la muerte y cabe conquistar con las armas. ¿Por qué precisamente escribir, hacer por escrito esas evasiones y esas conquistas? Es que, detrás de los diversas motivaciones de los autores, hay una elección más profunda e inmediata, común a todos. Vamos a intentar una elucidación de esta elección y veremos si no es ella misma lo que induce a reclamar a los escritores que se comprometan.

Cada una de nuestras percepciones va acompañada de la conciencia de que la realidad humana es "reveladora", es decir, de que "hay" ser gracias a ella o, mejor aún, que el hombre es el medio por el que las cosas se manifiestan; es nuestra presencia en el mundo lo que multiplica las relaciones; somos nosotros los que ponemos en relación este árbol con ese trozo de cielo; gracias a nosotros, esa estrella, muerta hace milenios, ese cuarto de luna y ese río se revelan en la unidad de un paisaje; es la velocidad de nuestro automóvil o nuestro avión lo que organiza las grandes masas terrestres; con cada uno de nuestros actos, el mundo nos revela un rostro nuevo. Pero, si sabemos que somos los detectores del ser, sabemos también que no somos sus productores. Si le volvemos la espalda, ese paisaje quedará sumido en su oscuridad. Quedará sumergido al menos; no hay nadie tan demente que piense que el paisaje se reducirá a la nada. Seremos nosotros los que nos reduciremos a la nada y la tierra continuará en su letargo hasta que otra conciencia venga a despertarla. De este modo, a nuestra certidumbre interior de ser "reveladores" se une la de ser efímeros en relación con la cosa revelada.

Uno de los principales motivos de la creación artística es indudablemente la necesidad de sentirnos esenciales en relación con el mundo. Este aspecto de los campos o del mar y esta expresión del rostro por mí revelados, cuando los fijo en un cuadro o un escrito, estrechando las relaciones, introduciendo el orden donde no lo había, imponiendo la unidad de espíritu a la diversidad de la cosa, tienen para mi conciencia el valor de una producción, es decir, hacen que me sienta esencial en relación con mi creación. Pero esta vez, lo que se aleja es el objeto creado: no puedo revelar y producir a la vez. La creación pasa a lo efímero en relación con la actividad creadora.

Aunque parezca algo definitivo, el objeto creado siempre se nos muestra como provisional: siempre podemos cambiar esta línea, este color, esta palabra. El objeto creado no se impone jamás. Un aprendiz de pintor preguntaba a su maestro: ¿Cuándo puedo saber que mi cuadro está acabado? Y el maestro respondió: Cuando puedas contemplarlo con sorpresa, diciéndote: ¡Soy yo quien ha hecho esto! Lo que equivale a decir: nunca.

Esto equivaldría a contemplar la propia obra con ojos ajenos y a revelar lo que se ha creado. Pero es manifiesto que cuanto más conciencia tenemos de nuestra actividad creadora menos tenemos de la cosa creada. Cuando se trata de una vasija o un cajón que fabricamos conforme a las normas tradicionales y con útiles cuyo empleo está codificado, es el famoso "se" de Heidegger lo que trabaja por medio de nuestras manos. En este caso, el resultado puede parecernos lo bastante extraño a nosotros como para conservar a nuestros ojos su objetividad. Pero, si producimos nosotros mismos las normas de la producción, las medidas y los criterios y si nuestro impulso creador viene de lo más profundo del corazón, no cabe nunca encontrar en la obra otra cosa que nosotros mismos: somos nosotros quienes hemos inventado las leyes con las que juzgamos esa obra; vemos en ella nuestra historia, nuestro amor, nuestra alegría; aunque la contemplemos sin volverla a tocar, nunca nos entrega esa alegría o ese amor, porque somos nosotros quienes ponernos esas cosas en ella; los resultados que hemos obtenido sobre el lienzo o sobre el papel no nos parecen nunca objetivos, pues conocemos demasiado bien los procedimientos de los que son los efectos. Estos procedimientos continúan siendo un hallazgo subjetivo: son nosotros mismos, nuestra inspiración, nuestra astucia, y, cuando tratamos de percibir nuestra obra, todavía la creamos, repetimos mentalmente las operaciones que la han producido y cada uno de los aspectos se nos manifiesta como un resultado. Así, en la percepción, el objeto se manifiesta como esencial y el sujeto como inesencial; éste busca la esencialidad en la creación y la obtiene, pero entonces el objeto se convierte en inesencial.

En ninguna parte se hace esta dialéctica más evidente que en el arte de escribir. El objeto literario es un trompo extraño que sólo existe en movimiento. Para que surja, hace falta un acto concreto que se denomina la lectura y, por otro lado, sólo dura lo que la lectura dure. Fuera de esto, no hay más que trazos negros sobre el papel. Ahora bien, el escritor no puede leer lo que escribe, mientras que el zapatero puede usar los zapatos que acaba de hacer, si son de su número, y el arquitecto puede vivir en la casa que ha construido. Al leer, se prevé, se está a la espera. Se prevé el final de la frase, la frase siguiente, la siguiente página; se espera que se confirmen o se desmientan las previsiones; la. lectura se compone de una multitud de hipótesis, de sueños y despertares, de esperanzas y decepciones; los lectores se hallan siempre más adelante de la frase que leen, en un porvenir solamente probable que se derrumba en parte y se consolida en otra parte a medida que se avanza, en un porvenir que retrocede de página a página y forma el horizonte móvil del objeto literario.

Sin espera, sin porvenir, sin ignorancia, no hay objetividad. Ahora bien, la operación de escribir supone una lectura implícita que hace la verdadera lectura imposible. Cuando las palabras se forman bajo la pluma, el autor las ve, sin duda, pero no las ve como el lector, pues las conoce antes de escribirlas; su mirada no tiene por función despertar rozando las palabras dormidas que están a la espera de ser leídas, sino de controlar el trazado de los signos; es una misión puramente reguladora, en suma, y la vista nada enseña en este caso, salvo los menudos errores de la mano. El escritor no prevé ni conjetura: proyecta.  
Con frecuencia, se espera la inspiración. Pero no se espera a sí mismo como se espera a los demás; si vacila, sabe que el porvenir no está labrado, que es él mismo quien tiene que labrarlo, y, si ignora todavía qué va a ser de su héroe, es sencillamente que todavía no ha pensado en ello, que no lo ha decidido; entonces, el futuro es una página en blanco, mientras que el futuro del lector son doscientas páginas llenas de palabras que le separan del fin. Así, el escritor no hace más que volver a encontrar en todas partes su saber, su voluntad, sus proyectos; es decir, vuelve a encontrarse a sí mismo; no tiene jamás contacto con su propia subjetividad y el objeto que crea está fuera de alcance: no lo crea para él. Si se relee, es ya demasiado tarde; su frase no será jamás a sus ojos completamente una cosa. El escritor va hasta los límites de lo subjetivo, pero no los franquea: aprecia el efecto de un rasgo, de una máxima, de un adjetivo bien colocado, pero se trata del efecto sobre los demás; puede estimarlo, pero no volverlo a sentir. Marcel Proust nunca ha descubierto la homosexualidad de Charlus, porque la tenía decidida antes de iniciar su libro. Y si la obra adquiere un día para su autor cierto aspecto de subjetividad, es que han transcurrido los años y que el autor ha olvidado lo escrito, no tiene ya en ello arte ni parte y no sería ya indudablemente capaz de escribirlo. Tal vez es el caso de Rosseau volviendo a leer El contrato social al final de su vida.

No es verdad, pues, que se escriba para sí mismo: sería el mayor de los fracasos; al proyectar las emociones sobre el papel, apenas se lograría procurarles una lánguida prolongación. El acto creador no es más que un momento incompleto y abstracto de la producción de una obra; si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera, jamás su obra vería la luz como objeto; no habría más remedio que dejar la pluma o desesperarse. Pero la operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico y estos dos actos conexos necesitan dos agentes distintos. Lo que hará surgir ese objeto concreto e imaginario, que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector. Sólo hay arte por y para los demás.
Jean Paul Sartre

domingo, 24 de octubre de 2010

Arde mi tiempo


Arde mi tiempo
por saber su
divergente
melodía,
pero es adyacente
encontrar sustancia
flotar
en ambiente fecal.
Me preguntaron
si creía en la
inocencia;
cuando mi
respuesta fue
pura indulgencia,
pues para mí
inocencia es
paso acabado
en llantos vacuos
por platos llanos.
¿Sabéis lo que os digo?
Acabaré ido
por un menester
finiquitado
tras mi vicio.

Antonio Jiménez