lunes, 24 de diciembre de 2012

Don Nuño del Moño




Qué pena más grande siento en el corazón,

es el pasado que no deja en paz mi razón,

calculada es la espera hacia mi infinito partir

pero hasta ese momento son muchas las cosas que pedir.



Pido por mi bella dama a la que di mil asestas

llevado por un odio irracional fruto de comer setas

en mal estado, sí, seguro, a eso fue debido mi delirio

de orate mal avenido que con apremio la despachó al río.



Pido por mí cien millones de latigazos con tal furia

que la carne trinchada fueran alimentos de fieras

y mi marchito ser fuera situado frente a la servidumbre

que tanto fustigué para que sin piedad no pasaran hambre.



Pero ahora no es tiempo de reconocer las penas y sí la leyenda

ganada sin compasión por ser el matarife con más agenda

de toda la región, llegando inclusive al millar de almas

que por su vida corrían como conejos en cacería calma.



Y es que en verdad me llamo Don Muño del Moño

nacido en Aragón, concediéndome a su vez el gentilicio de maño

aun no siéndolo originalmente, sino Aragonés por describir

mi partida dice, pero yo siempre seré el que quise decidir.



Anochece ya y la luna ofrece su mejor cara iluminando

las tierras de mi pertenencia, con su luz clamando

un poco de atención por parte de los que aquí estamos

sin entender porqué de día sale el sol y de noche la luna aparece.



Ya queda poco para mi partida, lo intuyo, se oye

vocear al núcleo de los partidarios de acabar con me

y volver a ser libres. Ah, ya siento el frío acero en

mi espalda, los condenados no dan la cara, muero de por sí.

Antonio Jiménez

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