El único desencanto que dejaron tus ojos en mí es que jamás me vieron.
Un blog con fin terapéutico donde la poesía y la narrativa se dan la mano con cosas de interés y música electrónica.
jueves, 23 de febrero de 2012
martes, 21 de febrero de 2012
La ciudad en el mar.
¡Mira! La muerte ha
levantado su trono
en una extraña y solitaria ciudad
allá lejos en el Oeste sombrío,
donde el bueno y el malo y el mejor y el peor
han ido a su reposo eterno
Allí hay cúpulas y palacios y torres
(torres devoradoras de tiempo que no se estremecen)
que no se asemejan a nada que sea nuestro.
En los alrededores, olvidadas por vientos inquietos,
resignadas bajo el cielo,
reposan las aguas melancólicas.
La luz del santo cielo no desciende
a esta ciudad de la noche eterna.
Pero el brillo lívido del mar
proyecta silenciosas columnas,
-resplandecen los pináculos por todas partes-
Cúpulas-agujas, salones reales,
pórticos, paredes de estilo babilónico,
sombrías y olvidadas glorietas
de hiedra tallada y flores de piedra,
y muchos, muchos maravillosos templos
cuyos imposibles frisos entrelazan
la viola, la violeta y la vid.
Resignadas bajo el cielo
reposan las aguas melancólicas.
Tanto se funden las torres y las sombras
que parecen péndulos en el aire
mientras que desde una altiva torre en la ciudad
la muerte atisba hacia abajo desde su enormidad.
Allí las tumbas abiertas
bostezan sobre las olas luminosas,
pero no sobre las riquezas que yacen
en cada ojo diamantino del ídolo
-los muertos alegrementes enjoyados no
tientan las aguas desde sus lechos;
pues no se rizan las ondas, ¡ah!,
en este desierto de cristal-
Ninguna temblor sugiere que los vientos
están en algún mar lejano y feliz.
Ninguna ola sugiere que los vientos han estado
en mares menos espantosamente serenos.
¡Pero, mira! ¡Algo se agita en el aire!
La ola. ¡Hay un movimiento allí!,
como si las torres se hubieran apartado,
sumergiéndose lentamente, la cansada marea,
como si sus cimas débilmente hubieran dejado
un vacío en el brumoso cielo.
Las olas tienen ahora un tono rojizo
respiran desmayadas y lentas.
Y cuando ya no hay lamentos terrenales
baja, baja esta ciudad hasta donde se quedará eternamente.
El infierno, elevándose desde mil tronos,
le hará reverencias.
en una extraña y solitaria ciudad
allá lejos en el Oeste sombrío,
donde el bueno y el malo y el mejor y el peor
han ido a su reposo eterno
Allí hay cúpulas y palacios y torres
(torres devoradoras de tiempo que no se estremecen)
que no se asemejan a nada que sea nuestro.
En los alrededores, olvidadas por vientos inquietos,
resignadas bajo el cielo,
reposan las aguas melancólicas.
La luz del santo cielo no desciende
a esta ciudad de la noche eterna.
Pero el brillo lívido del mar
proyecta silenciosas columnas,
-resplandecen los pináculos por todas partes-
Cúpulas-agujas, salones reales,
pórticos, paredes de estilo babilónico,
sombrías y olvidadas glorietas
de hiedra tallada y flores de piedra,
y muchos, muchos maravillosos templos
cuyos imposibles frisos entrelazan
la viola, la violeta y la vid.
Resignadas bajo el cielo
reposan las aguas melancólicas.
Tanto se funden las torres y las sombras
que parecen péndulos en el aire
mientras que desde una altiva torre en la ciudad
la muerte atisba hacia abajo desde su enormidad.
Allí las tumbas abiertas
bostezan sobre las olas luminosas,
pero no sobre las riquezas que yacen
en cada ojo diamantino del ídolo
-los muertos alegrementes enjoyados no
tientan las aguas desde sus lechos;
pues no se rizan las ondas, ¡ah!,
en este desierto de cristal-
Ninguna temblor sugiere que los vientos
están en algún mar lejano y feliz.
Ninguna ola sugiere que los vientos han estado
en mares menos espantosamente serenos.
¡Pero, mira! ¡Algo se agita en el aire!
La ola. ¡Hay un movimiento allí!,
como si las torres se hubieran apartado,
sumergiéndose lentamente, la cansada marea,
como si sus cimas débilmente hubieran dejado
un vacío en el brumoso cielo.
Las olas tienen ahora un tono rojizo
respiran desmayadas y lentas.
Y cuando ya no hay lamentos terrenales
baja, baja esta ciudad hasta donde se quedará eternamente.
El infierno, elevándose desde mil tronos,
le hará reverencias.
Edgar Allan Poe
miércoles, 25 de enero de 2012
Dados en la ruleta
Siempre me apeteció lo lúgubre a lo sano,
lo negro al blanco, el terror al amor, el silencio
a la conversación, la música indie a los grandes
ventas, el olor a colonia que a perfume, la
noche al día, la sombra que al sol, el mar
a la montaña, Shin Chan a Dora la exploradora,
la falta de dinero que la opulencia, escribir
poesías que quedarme con los brazos cruzados.
Es una gozada mi vida, sin embargo nadie
parece darse cuenta. Será el precio que tengo
que pagar para ser feliz. Que os den por culo.
Antonio Jiménez
jueves, 29 de diciembre de 2011
Solo
Desde el
tiempo de mi infancia no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude traer
mis pasiones de una simple primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pesar, no podría despertar
mi corazón al júbilo con el mismo tono;
Y todo lo que amé, lo amé Solo.
Entonces -en mi infancia- en el alba
de la vida más tempestuosa, se sacó
de cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
Del torrente, o la fuente,
del risco rojo de la montaña,
del sol que giraba a mi alrededor
en su otoño teñido de oro,
del rayo en el cielo
cuando pasaba volando cerca de mí,
del trueno y la tormenta,
y la nube que tomó la forma
(Cuando el resto del Cielo era azul)
De un demonio ante mi vista.
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude traer
mis pasiones de una simple primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pesar, no podría despertar
mi corazón al júbilo con el mismo tono;
Y todo lo que amé, lo amé Solo.
Entonces -en mi infancia- en el alba
de la vida más tempestuosa, se sacó
de cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
Del torrente, o la fuente,
del risco rojo de la montaña,
del sol que giraba a mi alrededor
en su otoño teñido de oro,
del rayo en el cielo
cuando pasaba volando cerca de mí,
del trueno y la tormenta,
y la nube que tomó la forma
(Cuando el resto del Cielo era azul)
De un demonio ante mi vista.
Edgar Allan Poe
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Fútil
Cuando solía reír cara al viento
una flojedad se apoderaba de mi alma
cubriéndome de mil luces extravagantes
anunciando el principio de una velada ante
la que yo me rendía insumiso frente su
frágil marca. Ahora que siempre lloro de
espaldas al mundo, mi vida se va fraguando
en mil confetis deshechos dando rienda
suelta a la caricia de mi soliloquio,
entrando la parsimonia a oscuras a ver
si me voy muriendo de una puta vez.
Antonio Jiménez
domingo, 18 de diciembre de 2011
No obstante el amor, por ser amor, es hermoso.
Y no obstante el amor, por ser amor,
es hermoso. Igual arde reluciente
un gran templo y la hierba. El mismo fuego
lame quemando el cedro y la hiedra.
Y el amor es un fuego; y cuando digo
te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos
me transfiguro en esplendor y siento
mi rostro centelleante que deslumbra.
En el amor no puede haber crueldad
aunque amen los más ruines de los seres,
que cuando aman a Dios Él los acepta.
Y en la apariencia ruin de lo que soy
brilla el sentimiento y purifica,
por ser fruto de amor, lo que es de carne.
es hermoso. Igual arde reluciente
un gran templo y la hierba. El mismo fuego
lame quemando el cedro y la hiedra.
Y el amor es un fuego; y cuando digo
te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos
me transfiguro en esplendor y siento
mi rostro centelleante que deslumbra.
En el amor no puede haber crueldad
aunque amen los más ruines de los seres,
que cuando aman a Dios Él los acepta.
Y en la apariencia ruin de lo que soy
brilla el sentimiento y purifica,
por ser fruto de amor, lo que es de carne.
Elizabeth Barret Browning
sábado, 3 de diciembre de 2011
Sembrao
El fin de las cosas pueden parecer el principio de otras
cuando el cariz con el que se mira dicha finalización suele dar rienda suelta a
la apoplejía.
Antonio Jiménez
viernes, 2 de diciembre de 2011
El Dios del Amor
Desearía hablar con el espíritu
de algún antiguo amante, muerto
antes de que el Dios del Amor naciera;
imposible creer que quien más amara entonces,
se rebajara a amar a quien lo despreciaba.
Pero desde aquella época, el dios
ha inventado un destino, y esa doble naturaleza,
la costumbre, lo permite:
que yo deba amar a quien no me ama.
Es evidente que quienes lo hicieron Dios
no tenían esa intención,
ni él en su juventud la habrá practicado.
Cuando una llama similar inflamaba dos corazones,
su oficio era reunir, piadosamente, dos razones.
La correspondencia era su único dominio;
ya no es amor,
cuando no amo a quien me ama.
Pero todos los dioses modernos
buscan extender sus vastas pretensiones
y compararse con Júpiter.
Furias, licencias, epístolas, elogios,
aquel es el séquito del dios del amor.
Oh, si esta tiranía nos despertara
y priváramos a este niño de su divinidad,
ya no podría amar a quien no me ama.
Rebelde y ateo, ¿por qué susurro
como si ya sufriera los castigos del amor?
Él podría condenarme a no amar,
o ensayar un castigo peor;
que ella a su vez me amara,
sería del todo insoportable
porque la falsedad es peor que el odio,
y falsedad sería si la que yo amo me amara.
de algún antiguo amante, muerto
antes de que el Dios del Amor naciera;
imposible creer que quien más amara entonces,
se rebajara a amar a quien lo despreciaba.
Pero desde aquella época, el dios
ha inventado un destino, y esa doble naturaleza,
la costumbre, lo permite:
que yo deba amar a quien no me ama.
Es evidente que quienes lo hicieron Dios
no tenían esa intención,
ni él en su juventud la habrá practicado.
Cuando una llama similar inflamaba dos corazones,
su oficio era reunir, piadosamente, dos razones.
La correspondencia era su único dominio;
ya no es amor,
cuando no amo a quien me ama.
Pero todos los dioses modernos
buscan extender sus vastas pretensiones
y compararse con Júpiter.
Furias, licencias, epístolas, elogios,
aquel es el séquito del dios del amor.
Oh, si esta tiranía nos despertara
y priváramos a este niño de su divinidad,
ya no podría amar a quien no me ama.
Rebelde y ateo, ¿por qué susurro
como si ya sufriera los castigos del amor?
Él podría condenarme a no amar,
o ensayar un castigo peor;
que ella a su vez me amara,
sería del todo insoportable
porque la falsedad es peor que el odio,
y falsedad sería si la que yo amo me amara.
John Donne
martes, 29 de noviembre de 2011
Durmiendo
Él durmió sobre sus manos.
Sobre una roca.
Sobre sus pies,
sobre los pies de algún desconocido.
Él durmió en micros, en trenes, en aviones.
Se durmió estando de guardia.
Se durmió a un costado de la ruta.
Se durmió apoyado en una bolsa de manzanas.
Él durmió en un baño público.
En un galpón.
En el estadio.
Durmió en un Jaguar descapotable
y en la caja de una camioneta.
Durmió en los teatros.
En la cárcel.
Sobre los barcos.
Él durmió en casillas deshechas y en una ocasión
en un inmenso castillo.
Soportó dormido las frías gotas del agua de lluvia
y los ardientes rayos del sol.
Durmió sobre caballos.
Sobre una roca.
Sobre sus pies,
sobre los pies de algún desconocido.
Él durmió en micros, en trenes, en aviones.
Se durmió estando de guardia.
Se durmió a un costado de la ruta.
Se durmió apoyado en una bolsa de manzanas.
Él durmió en un baño público.
En un galpón.
En el estadio.
Durmió en un Jaguar descapotable
y en la caja de una camioneta.
Durmió en los teatros.
En la cárcel.
Sobre los barcos.
Él durmió en casillas deshechas y en una ocasión
en un inmenso castillo.
Soportó dormido las frías gotas del agua de lluvia
y los ardientes rayos del sol.
Durmió sobre caballos.
Se durmió sobre sillas.
Él durmió en iglesias, en hoteles de lujo.
Él durmió bajo techos extraños toda su vida.
Ahora él duerme cubierto por la tierra.
Duerme y seguirá durmiendo.
Igual que un rey antiguo.
Él durmió en iglesias, en hoteles de lujo.
Él durmió bajo techos extraños toda su vida.
Ahora él duerme cubierto por la tierra.
Duerme y seguirá durmiendo.
Igual que un rey antiguo.
Raymond Carver
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