Pienso, en el debacle de mi egoismo, que ve cómo pasa el tiempo sin que facilite ayuda a la manzana podrida de mis sentimientos, y me produce un resquemor que disfraza mi sino en callada lástima.
Si las solitarias cuevas me sirven como pretexto para concebir los atormentados gestos de mi hombría, debo ser más pragmático y dejarme ver más en compañía de las culebras, pues son ellas las que reptan por los designios que me fueron marcados.